miércoles, 6 de junio de 2018
Sombras chinescas
Aún recuerdo el primer día que lo vi, curiosamente, era el funeral de mi abuelo y estaba consolando a mi padre por su gran perdida cuando, me fijé en la tumba de mis antepasado y vi encima de ella una sombra, ¡la cual tenía la forma de mi abuelo!.
Me quedé mirándola durante un rato, pero no hacía nada, solo se limitaba a observarnos y al final desapareció.Esa noche me dormí pensando que había sido una ilusión, pero que equivocado estaba.
Pasados unos días, al volver al instituto, me encontré con un horrible panorama, todos mis compañeros incluso los profesores, estaban siendo seguidos por sus sombras siendo imitados en cada gesto.
Me pasé casi toda la semana observándolas a ver si hacían algo hasta tal punto que acabé llamando la atención por mi extraño comportamiento. Al parecer, mis padres les habían avisado para que me llevaran con el orientador, la verdad es que Gabriel era majo, pero nunca me había referido a el como paciente.
Pasé otra semana hablando de ellas con ese hombre, sobre su comportamiento, lo que creía que eran...
Un día me hizo una pregunta muy curiosa que nunca me había planteado: "¿puedes ver tu sombra?", y como por un resorte se tratase me giré para comprobarlo y ahí estaba mirándome fijamente con esos ojos anaranjados como diciéndome que ya era hora que me fijara en él.
Todo el curso me dedique a hablar (o por lo menos intentarlo) con mi sombra; pero solo me respondía con su mirada fría y sin sentimiento y la verdad es que daba mucho miedo.
Pasaron los años, los curso, les quité importancia a esos oscuros seres, hasta que un día Gabriel me invitó a un grupo de orientación adaptado a mi "problema" al que asistí por la tarde.
Al llamar a la puerta empecé a oler a quemado y se oían un montón de voces detrás de la puerta: "¿tantas personas las ven pensé?", pero al entrar decidí no querer saberlo.
Dentro había un montón de personas encapuchadas en torno a un pentagrama con un montón de velas, empezaron a agarrarme, a tirar de mi al centro de la horrible pintada y cuando consiguieron tumbarme salió de entre todos ellos el asqueroso desgraciado de Gabriel.
Como un loco empezó a predicar contra mí llamándome hijo del demonio que debía ser sacrificado para quitarnos todos los males que nos perseguían y al final lo hizo.
La hoja la notaba fría en mi pecho, la vista se me iba nublando, todo empezaba a sonarme como un eco...
Me desperté pasado un rato, pero ya no estaba en la habitación todo estaba oscuro y no había nada en kilómetros, solo yo y alguien más.
- Hola.
- ¿Quién eres?
- Tanto tiempo intentando hablar conmigo y ¿ya no me reconoces?
- ¿Qué es este sitio?
- Es el limbo entre la vida y la muerte.
- ¿Y tu que haces aquí?¿No se supone que tu mueres conmigo?
- A eso viene el que este aquí. Te quiero ofrecer un trato. Esos desgraciados siguen ahí fuera, regocijándose de tu muerte, pero yo te ofrezco devolverles la "jugarreta".
- ¿A cambio de qué?
- A cambio de que me dejes utilizar tu cuerpo, solo para facilitar las cosas.
- ... No se...
- Te prometo que no te dolerá, de hecho esa ira que noto en tu interior desaparecerá- dijo extendiéndome la negra mano.
Me lo pensé y repensé hasta que al final le dí la mano. Lo siguiente que recuerdo fue que me desperté rodeado por los encapuchados y que de repente empezaron a mirarme horrorizado, pero me daba igual, sentía toda la ira fluyendo de mí cuando le oí decir en mi cabeza:"Déjamelo a mi" y ya no recuerdo nada más solo una pila de cadáveres en el pentagrama y su voz diciendo:"Lo has hecho bien pero aun queda gente".
Y desde entonces vago por aquí esperando a encontrarlos par descansar en paz y poder matarlos, ... y poder matarlos... después de todo, habríais acabado como yo.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)